miércoles, 14 de agosto de 2019

El día, como la primera vez

Viendo comenzar el día
como por vez primera
mis ojos deslumbrados
contemplaron el sol naciente,
su presencia, en medio de un
arco de colores. Tintas de rojos
y amarillos, casi verdes, y tonos
entre mixturados, distintos, parecidos,
y ese amanecer,
de tal belleza me dejaba mudo.

Suspiré con el pecho atorado,
y mis narinas ansiosas se 
enancharon; llegaba el día
sin pedir permiso, que tan
solo su presencia lo anunciaba
y no fuera menester presentación
alguna que le precediera. 

Mis ventanas se estrecharon
y fue necesario ampliar la vista
abriéndolas en todo su ancho;
contemplé, atónito, tan gran
belleza de este día que llegaba.
Pensé mientras tanto,
intrigado, por qué antes de hoy
no había visto tal portento
y en mi ser hondamente
penetró la idea de no saber
para qué había vivido
hasta el momento. 

Me estremecí y temblé,
pues, temor de una vida
no vivida penetró mi ser,
y de tal pérdida me percataba
sabiendo que era ya todo
irremediable y que de todo
me había perdido,
hasta de la más pequeña cosa
que solo por ser,
la vida me había ofrecido.

Me remonté a tantos amanecere
ignorados,
a tantos afectos rechazados,
a tantas caricias esquivadas,
a tanta belleza de la tierra,
jamás vista,
y tanta música de la naturaleza,
cuyo sonido mis oídos ignoró. 

Ahora, era tarde;
este era mi último amanecer
y mi cuerpo dejaría hoy 
todo atrás para siempre
cuando el alma que anidaba en él
se retirara hacia el lugar desde 
donde había llegado a habitarlo
en esta tierra, sin que supiera yo
desde mi alma, disfrutar lo que el
cuerpo supo como terrenos placeres,
placeres de los que no había participado.

Sabía que todo me lo había negado
yo mismo en mi ignorancia,
y que ya nada estaba en mis manos,
pero este último despertar 
me hizo ver, y fui feliz de haber estado
en tal envase, como si fuera hoy, recién 
llegado, nacido a vivir lo que me diera
el tiempo que en estos lares he pasado.
Todo volvió como la primera vez
y pude vivirlo, 
y entonces, agradecí con toda mi alma, 
que ella era la que me conducía 
y así había llegado a este día
y así sería también, mi despedida.