¡Que lejos estoy de estar
en esa calma que busco!
Las viejas inclinaciones,
costumbres y aprendizajes,
me acosan constantemente,
estoy a diario a prueba,
incansablemente,
cada vez más exigido.
cada vez más exigido.
No ha de ser nada fácil
hallar el propio camino,
la propia verdad y la propia vida;
cargar con el propio yo
sin mirar a los de otros;
desprenderse de aquello
a que fuimos obligados
siendo niños,
sin que entendiéramos
sin que entendiéramos
qué era lo que ordenaban
como única verdad.
como única verdad.
¡Cómo podíamos saber
recién venidos al mundo,
de las ciencias que este mundo
enseña como verdades!
Entonces, y desde entonces
hemos estado buscando
cuál será nuestro camino,
nuestra verdad, y por ellos, nuestra vida.
Borrar todo lo escuchado
y escuchar desde allí dentro,
donde el espíritu aguarda,
espera, dese hace eones,
que alguna vez,
entremos a consultarle,
a ver qué tiene de nuevo
para cada uno de nosotros,
allí, en ese lugar sagrado
que a todos
nos ha sido dado y donde ,
es muy raro que entremos
o que siquiera conozcamos,
a pesar de ser el más auténtico
componente de quienes somos.
Hace falta estar atentos,
guardar largos silencios,
poner la mente tan hueca,
como si en ella, jamás,
hubiera existido nada.
Oír sin escuchar nada
que desde fuera resuene:
seguro sólo es valioso
aquello que se oiga dentro.
Aun así, amigos míos,
no ha de resultar fácil
acceder a ese lugar,
está cercano y dispuesto,
sólo hace falta llegar.
Una vez allí instalados,
aprovechar los segundos
porque será tan fugaz
el encuentro que tengamos,
que ha de parecer delirio,
ilusión o fantasía.
Pero la sed que despierte
este encuentro con lo eterno,
hará que busquemos otro
y encontremos las respuestas.
Nos ha de llevar la vida,
si es que hemos despertado,
si no, ¡ay, amigos míos!
habremos quedado huérfanos,
ignorantes, ciegos, desolados.