El año que pasó, ha dejado
su huella imborrable en nuestras vidas
y aun cuando fuera muy malo lo ocurrido,
ha sido un año más, que se ha agregado
a nuestras vapuleadas existencias, enriqueciéndolas
Pasadas experiencias, llenas de novedad
cuando fueron vividas, y ya son pasado inalcanzable,
desde el mismo instante en que transcurrieron,
y, aún sabiendo de su fugacidad, las dejamos pasar sin observarlas
y sacar de ellas la enseñanza.
Años acumulados, y al mismo tiempo diluídos
y sólo recordados en las visibles huellas
de la vejez que avanza, implacablemente,
y a su paso deja, el testimonio cruel de la decrepitud,
y si no aprendiéramos, sólo quedarán sus huellas, sin la sabiduría, que sólo esos años dejarían.
¡Los años nos dejan tantas enseñanzas!
¡Si pudiéramos verlas! Y aprendiéramos...
Si así no lo hieciéramos, estos mismos años,
nos destruirán sin remedio alguno.
Y aunque la fuente de la juventud, tan vanamente ansiada,
se encontrara hoy, no podríamos beber de ella
por haber ignorado su existencia.
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