Robado el ánimo, quitado el aliento
la muerte vino, vestida toda de hombre
Humano destino el morir en sus manos
Humano propósito de provocar un fin
Mil muertes inferidas en una sola vida:
¡un solo verdugo se basta!
¿Es que nunca ha de acabar el afán
de destruir las vidas, propias y ajenas?
¿Por qué esa fuerza maligna?
Anhelo horroroso de arrancar la vida,
de despedazarla, y en el mayor dolor,
la negación del amor, única causa ésta,
de la humana autoaniquilación.
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