lunes, 24 de marzo de 2014

Aquellos, quienes aman



Dice el poeta que quien ama vuela,
pero interroga, inquieto, si alguien es capaz de amar 
de tal manera, que su amor le haga volar.
Ya que es muerte la vida misma,
sin explicación,
y odio todo amor, que del odio nace
por ser oposición.


Y pregunta, desolado, ¿quién ama
con tal amor que vuele?
¿Quién entrega su existir
y no pretende  algo a cambio
y confía, en pleno amor, en su amado?

Cuando alguien ama de verdad, vuela
dice el poeta, y pregunta si se olvida
que quien no ama nunca es libre,
y amando se libera, y...vuela.
Pero otra vez se inquieta
pues no sabe si alguien ama de verdad y vuela.


Y declara, casi vencido, que luego
llega el olvido, y con él la indiferencia
entonces no se ven alas y
de plumas ni rastros quedan 
y permanece el gris de la ausencia y el vacío.


Y consiente en ceder ante visiones
de felices amantes que se abrazan
y se abrasan en hogueras y dulzura
y piensa que tal vez haya
quienes se vuelvan alados
en tal amor elevados.


Pronto, sentencia, abatido, que una vida
devora la otra y lo que parece amor
es voracidad y egoísmo
y que todos se alimentan
de la vida del uno  el otro
que, a su vez lo devora.

Y el cuerpo es instrumento que tañen
con vibrante cuerda
quienes piensan que el amor
ha llegado a su existencia
y no ven que muy de a poco
menguarán su vida y sangre.

Y sigue el poeta, y afirma, abatido
"No volarás, tienes cuerpo
y es un cuerpo que no vuela "
Y clama tristememnte por el amor,
por el amor soñado
y por la humanidad que pesa,
y se declara vencido.

Y vuelve a su pensar
y sabe que el corazón amar quisiera
pero no sabe o no puede;
¡hay tantos sentimientos encontrados
que se pierden en cruel vorágine
y producen confusión y extrañeza!

Y yace, yerto, exánime y murmura,
atónito por tanta luz de pronto conocida,
y entre sus labios pálidos
la voz como un graznido dice:
"No existe tal amor, no volaré"
y se rinde, derrotado.

sábado, 22 de marzo de 2014

Otra sombra


He pasado otra noche, 
y sin dormir
vi la sombra.
Otra cosa no vi.

No dormí

Vi la sombra
Extenuantes pensamientos
Sentí temor:
Vi esa sombra.

¿Qué fue la sombra?


¿Era un amor

que nunca fue?
¿Era mi vida?
¿Era yo?
¡Era una sombra
difusa, levísima, gris;
era una débil sombra  
y nada más!

Lo mismo que hoy soy yo,

una sombra que se atreve a reclamar
y piensa,
una sombra que quiere más
y pide,
una sombra que no quiere
ser la sombra nunca más.

Soy humano

Tengo derrotado el sueño,
tengo tristeza en mis ojos,
tengo la lengua pegada,
tengo las manos atadas,
tengo el cuerpo inanimado,
tengo ganas y no puedo.

Tengo la vida y la muerte,
tengo mirada errática,
tengo narices mojadas,
tengo sequedad del alma,
tengo corazón desierto,
tengo humanidad y nada.

¿Tengo algo y no lo veo?
¿Tengo algo y no lo siento?,
¿Tengo sin tener?,
Sé que nada es mío,
sé que tuve sin tener y no he sabido,
y hasta ahora lo he entendido.

Tantas auroras pensadas,
tanto sueño perdido,
tanta imagen olvidada,
tanto dolor tolerado,
tanta humanidad y nada.

Tanta lucha infructuosa,
tanto querer sin destino,
tanta incomprensión vivida,
tanto andar sin avanzar,
tanto cansancio en balde,
tanta vida que transcurre,
tanta muerte irremediable.

Sentarse a escribir


Si me siento, no me siento por mi gusto,

y otra noche de desvelo, 
me provoca otros nuevos pensamientos, 
esto es, y lo sé, mi tarea y mi necesidad.
Porque debo decir lo que siento,
lo que  pasa por mi vida,
lo que ocurre en mi interior,
porque forzoso es decirlo,
porque ya no puedo más
porque, a pesar de todo,
aquí debo continuar.

Es experiencia frecuente, 

que después de un largo viaje, 
el alma regrese perezosa, 
al cuerpo cansado y decrépito, 
que corre como puede, 
a cometer más errores, 
que el alma, reprobará, 
y ahora, recién venida,
con mayor asombro e incredulidad,
ante la constante y torpe reincidencia.
Recurrente es el error.

Es el cuerpo quien tropieza,
es la vil humanidad,
es mediocre su camino,
es miseria su andar,
y ante estos hechos
el alma, esencia de eternidad,
con horror, viendo el futuro,
contempla el desacierto,
sin poder intervenir.

¡Qué remedio!
Si el alma puede,
con justicia condenar,
¿por qué no detiene a tiempo
nuestro erróneo accionar?
Es misterio muy profundo
este castigo vivir,
que si el alma gobernara
otro sería el caminar
y otro el mundo que habitamos,
sin yerros ni mezquindad.

O son sólo ilusiones
de otro modo vivir,
pues este no me conforma
¡estoy cansada de errar!
Errar por el mundo errando
ya colmó mi caminar.