sábado, 22 de marzo de 2014
Sentarse a escribir
Si me siento, no me siento por mi gusto,
y otra noche de desvelo,
me provoca otros nuevos pensamientos,
esto es, y lo sé, mi tarea y mi necesidad.
Porque debo decir lo que siento,
lo que pasa por mi vida,
lo que ocurre en mi interior,
porque forzoso es decirlo,
porque ya no puedo más
porque, a pesar de todo,
aquí debo continuar.
Es experiencia frecuente,
que después de un largo viaje,
el alma regrese perezosa,
al cuerpo cansado y decrépito,
que corre como puede,
a cometer más errores,
que el alma, reprobará,
y ahora, recién venida,
con mayor asombro e incredulidad,
ante la constante y torpe reincidencia.
Recurrente es el error.
Es el cuerpo quien tropieza,
es la vil humanidad,
es mediocre su camino,
es miseria su andar,
y ante estos hechos
el alma, esencia de eternidad,
con horror, viendo el futuro,
contempla el desacierto,
sin poder intervenir.
¡Qué remedio!
Si el alma puede,
con justicia condenar,
¿por qué no detiene a tiempo
nuestro erróneo accionar?
Es misterio muy profundo
este castigo vivir,
que si el alma gobernara
otro sería el caminar
y otro el mundo que habitamos,
sin yerros ni mezquindad.
O son sólo ilusiones
de otro modo vivir,
pues este no me conforma
¡estoy cansada de errar!
Errar por el mundo errando
ya colmó mi caminar.
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