domingo, 14 de febrero de 2016
¿Por qué me juzgas?
¡Por qué me juzgas?
No me conoces ni me has
conocido;
ignoras mi vida y todos
mis actos,
apenas me ves, ¡y tan cerca
estoy!
No me conoces ni me
has conocido,
no sabes mi causa ni
mi sentimiento:
ignoro si me oyes, ¡y te
hablo tan cerca!
Tú nunca entendiste, ni
te has ocupado de saber
de mí,
y cuando quiero explicarme, tú,
eres tan sordo;
mi voz no resuena y mi
palabra, hueca.
Tú, tú... ¡no me conoces!
Entonces, ahora te ruego: tú jamás
me juzgues.
¿No has aprendido que no he
sido esa
que creíste ver cuando apenas
viste?
¿Acaso podrías atreverte a ser
tú mi juez?
Sguro lo harás, en tu ignorancia
y perversidad.
Pero no creas, ni oses
pensar
que en ese juicio, justicia
habrá.
Cruel, por injusta, será la
sentencia,
y esta vez, tu condena será
mi final,
pero, ten cuidado, también será
el tuyo:
conmigo caerás.
Tu juicio malvado será
tu castigo,
y en mi ausencia eterna
habrás de notar,
lo que antes no viste y te
negaste a ver.
¡Por qué me has juzgado con
tanta crueldad!
Te había advertido de este abismo,
con mi dulce
amor.
¡Cómo ibas a oírme!
No has escuchado, ni una sola
vez,
ni una palabra, ni el son de mi
voz.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario