lunes, 20 de febrero de 2017

Incomunicación


Querer decir y no tener a quien,
es ocultar un gran volcán,
volcán que brota de otros modos
dañando todo en derredor,
desde una herida interior
que arde en fuego inagotable
incontenible en su pasión.

Querer decir, querer contar
querer hablar con claridad,
volcarse fuera y no cesar
hasta acabar con la cuestión.
Disquisición tan torturante
¿Con quién hablar?
¿A quién contar?

Querer decir abiertamente,
una inmensidad decir.
Mirar al cielo y esperar,
buscar allí ese lugar.
Mirar el bosque y esperar,
buscar allí y no encontrar.
Mirar el mar y escuchar
sin nada hallar.

Querer decir, querer contar,
querer saber una respuesta
que dé por fin, la paz ansiada.
¿A quién contar, a quién decir?
Y, sobre todo, ya no temer
que lo que diga podría herir.
¿Qué voy a hacer?
Si no decido que no puedo más callar,
no habrá respuesta, eso lo sé.

Tal vez se agote en mi interior
tanta ansiedad, tanto afán
y calle pronto su clamor
aunque no encuentre un oidor.
Tal vez me canse tanta duda
y cese un día mi inquisición.
Halle de nuevo esa alegría,
y pueda ver que todo acaba,
decir que acaba el dolor.

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