lunes, 24 de abril de 2017
Caricias
Podría decir que las caricias
al alma se sienten como nubes
que atravieso, suaves, confortables,
efímeras, casi inexistentes, tan diferentes
a cualquier otra experiencia,
pero están.
Podría decir que duran menos
de un instante, pero están.
Podría decir que son incomparables
y pocas veces las percibo,
pero están.
Podría decir que aprendí a
conocerlas por su efecto
largamente disfrutado
y aunque sean casi imperceptibles,
ellas están.
Podría decir que no sé
cómo decir ni describir,
y a pesar de mi falta de
elocuencia, de mi incomprensión,
ellas están.
Podría decir que no las veo
cuando llegan porque estoy
y vivo confundido;
las pierdo con frecuencia
y lo lamento, y sé que estuvieron,
y a pesar de todo, vuelven,
ellas están .
Podría decir que tantas veces
las añoro porque sé que cuando
llegan son las únicas que llenan
mi existencia, entonces digo:
ellas están.
Podría decir que desde aquí
no sabré nunca cómo son
pero las siento en lo más hondo
de mi ser, entonces cada vez
mi certidumbre es más completa
y sé que ellas están.
Podría decir que hay algo
en el instante en que sucede
que detiene mi vida en un misterio
sin igual y es ahí, en ese instante
donde siento la caricia; es tan breve
tan distinto, tan extraño como bello,
que sólo sé que ellas son
y que sin ellas no podría subsistir.
Mis sentidos no las captan,
sólo mi alma, para ella son.
Mi alma las recibe y se ilumina,
se llena de compasión.
Si no fuera por las caricias recibidas
una piedra tendría en lugar de corazón.
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