jueves, 4 de mayo de 2017

Justo a tiempo


Hasta hoy no supe,
con esa claridad que se
impone la verdad
dorada y luminosa. 
Hasta hoy, muy de madrugada,
no había tenido
esa certeza, esa que no se discute
ni se analiza.
Hasta hoy, Gaia, no sabía
cuán importante es
la oportunidad.

Pensé: Eres llamado
y no respondes y quien
te llama queda allí,
con sus manos vacías
y corazón angustiado;
necesitabas mi presencia,
una respuesta, una escucha,
un abrazo, un consuelo,
un alivio y no estuve dispuesto.

No contesté, me negué,
estába cómodo, ocupado,
o desganado. 
¿A ti quién
te escucha?, pensé,
y fue la excusa de ese acto.

Más tarde, cuando vi
cuán importante fue
para ti ese llamado,
aquel momento, entonces,
vino a mí, esa carga oscura
de haber abandonado
a aquel que me necesitaba.

Hoy supe que fue otra
oportunidad perdida
de alcanzar la felicidad.
Que un horrible aire
helado se instaló en mi alma
y se quedó allí; se encorvó
mi espalda y mi mirada
se llenó de pena.

Oportunidad de ver
a través de quien acude
para saber quién soy,
oportunidad de ver,
en sus palabras,
qué ve en mí y qué
puedo dar: qué dones
hay en mí a distribuir. 

Hoy, quiero borrar
ese momento en que
una vez más fallé.
Hoy, quiero borrar
de mi vida, de mis días,
esa indiferencia.
Hoy, quiero estar dispuesto
a ver la oportunidad
que alguien me dará
para que juntos
encontremos la felicidad
que tanto ansiamos
y dejamos escurrir
cuando nos alcanza.















































 

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