viernes, 15 de diciembre de 2017
Atolondramiento
Pocos límites te he puesto, o ninguno;
prisa, desenfreno, corridas,
persecuciones; humillado hasta el dolor,
siempre pisando en tus huellas y nada más.
He querido, he ofrecido,
he obsequiado con amor,
años ricos de mi vida
a quien no lo mereció.
He esperado largas horas,
preparado delicados manjares, luego
despreciados, también criticados
con dureza y con crueldad.
He acicalado mi cuerpo
sólo para ti, y al encuentro
no asistías; siendo este acto
repetido, nunca te disculpaste.
Atolondrado estuve, o ciego
tal vez, sordo a toda advertencia,
sordo ante los gritos de mi intuición,
ciego ante tu burla constante y total.
He esperado tu regreso y siempre has vuelto,
siempre lo has hecho por pura maldad;
tu vuelta es tu ausencia, es dolor y desprecio.
Verme sufrir es tu placer y siempre lo ha sido.
He esperado que digas, alguna vez,
la verdad, fue en vano: no la dijste;
¡Todo en ti ha sido mentira!
Todo es pura falsedad.
Tus labios de dulce hiel
envenenan los míos;
definitivamente
quiero librarme de ti.
Ya toleré demasiado;
es hora de detenerte.
Es hora de defenderme,
es hora de despertar.
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