miércoles, 14 de noviembre de 2018

Rodar hacia arriba


Rodar, pero no descender,
rodar fácilmente hacia arriba,
o hacerlo aunque cueste la cuesta
subir,
y parar en la cumbre
y allí asentarnos,
y si hubiere un descuido  
que nos haga resbalar,
saber detenernos a tiempo
antes de bajarlo todo
y tener que recomenzar,
una vez más, agotados,
y otra vez desde el suelo
tener que alzarnos
mirando anhelantes,
la cumbre lejana,
queriendo alcanzar
ese ansiado lugar,
y, al fin, allí descansar. 

Es tan arduo,
y no es imposible,
si no,
no nos habría la idea
persistente de la cumbre 
alcanzar,
la cumbre y la paz,
el bien como estar,
la luz como esencia
y todo integrar
en un solo estado
de sacralidad.

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