martes, 2 de abril de 2019
Misterio, amado misterio, permanece como eres
Qué mejor que sentirse seducido
por querer navegar en el misterio,
hacia el misterio, encontrarlo y contemplarlo
apenas un instante incontable, confirmarnos en él
en su eternidad.
Qué mejor estado en este
limitado mundo que habitamos,
que atisbar en el misterio, constante,
inatrapable, inaccesible, anhelado.
Qué mejor atracción hacia nuestro centro,
que tratar de hallar el misterio
que allí habita eternamente
y del que sabemos somos parte.
Qué mejor búsqueda,
qué mayor satisfacción que hallarse
perdido, inmerso en el profundo misterio
sin poder emerger de él con alguna
explicación que podamos razonar
y por ello, aún más sedientos de él.
Qué velozmente olvidaríamos nuestro hallazgo,
qué poca importancia en nuestra vida tendría éste
si pudiéramos guardar su significado
como un archivo más; si su misterio se perdiera,
perderíamos todo,
pues el misterio perdería su eternidad.
Así, pronto perdería su esencia
transformado a nuestro antojo,
en algo mensurable, investigable,
experimentable con nuestros
atributos terrenales.
Poseerlo y reducirlo es todo uno.
Amado e imprescindible misterio,
necesaria luz de nuestra mísera existencia;
¡ay de nosotros sin ti!
Misterio subyugante, imán eterno,
motivo de nuestra existencia y acciones
permanece como eres y entonces, viviremos.
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