viernes, 27 de septiembre de 2019
Asomándome al abismo
Desperté de un largo sueño
y me encontré tan ajeno
que no supe quién yo era
ni por qué estaba allí,
y tampoco para qué.
Tenía tanto para compartir
y no hallé a quien ofrecerlo,
ahora ya era tarde, ya nada podría hacer.
Esto fue, lo que entonces pensé:
Réquiem para mi amor,
réquiem para mis sentimientos,
réquiem para todo lo que habría querido ser.
Siento que estoy envuelto
en una gruesa membrana,
aislado para siempre de toda comunicación,
imposibilitado de ir hacia otro
o dejar que otro venga a mí,
se conecte con quien soy
o con aquel que antes fui.
Inerte estoy y sólo eso siento;
me intriga esta pesada sensación
que me lleva a un abismo oscuro
sucumbiendo al letargo
del cual jamás emergeré:
el letargo de no ser.
Qué ha pasado en la noche
que se ha llevado mi ser,
piensa mi alma cansada
y no puede responder.
Tal vez me haya abandonado,
tal vez yo la abandoné.
¿Para qué querría un alma
si no puedo ya más ser?
Quizá ella lo ha entendido
y pronto dejó de habitarme
para que no sienta el vacío
tal y como el vacío es.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario