lunes, 13 de enero de 2020
La mente y el cuerpo
No sé por qué hoy, pensé en escribir
estas palabras que surgen de mi mente;
ella ha de saber la causa
Creo que estamos en clara
disidencia,
esto es así cada día
y no hay tregua entre ella y yo.
No podría asegurar que ella se impone
por sobre mi cuerpo, como tampoco
podría saber
cuánto prevalece mi cuerpo
por encima de ella.
O si la lucha entrambas,
es pareja
y tienen un triunfo por vez, según el caso.
Sé que mi cuerpo aúlla y mi mente calla,
sabiamente, hasta tener su turno
y, en silencio, llenar de saberes claros
las turbulencias
que mi cuerpo le provoca,
calmando las tempestades y haciendo
espacio, ¿para otro aprendizaje?
Sé que mi mente urge y mi cuerpo
se resiste, perezoso y renuente,
a los cambios que ella sabe
necesarios y demorados
a través de tantos años.
Mente y cuerpo, cuerpo y mente, ¡ay!,
de ello estoy compuesto y descompuesto.
He soñado con mi cuerpo en ciertas rutas,
he soñado que mi mente me decía de mi error,
he soñado y es ella la que manda en ese sueño,
y despierto,
es mi cuerpo el que persiste
en ese error, y somete a la mente
al raciocinio y aniquila ese sueño con voracidad.
Siento libre el pensamiento, y no es verdad:
es mi cuerpo el que maneja mi estar
y derriba con desprecio el pensar,
con el mismo desdén con que cometo
de nuevo el mismo y destructivo error,
y es ahí, en ese instante,
donde se entabla la batalla una vez más.
¿Es la mente o es el cuerpo quien domina
mi existir?
Cada día de mi vida es casi yerro total,
cada acto de mi cuerpo, merece de mi mente
reprensión,
reproche y advertencia
que desoigo y ver no quiero.
Estoy esperando esa prueba que la mente
me ha de dar
y que quizás me demuestre
cuántas veces deberé, antes de obrar,
escucharla,
luego de mucho pensar
y en silencio esperar, su sabio consejo tener,
con la paciencia y templanza que de ella surgirán.
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