miércoles, 29 de abril de 2020
Días de reflexiones
Pensativo, silencioso, en mutismo
provechoso, meditando,
en mi centro busco luz.
Si he llegado, no lo sé,
pero sé que estoy buscando
hondamente, en lo profundo.
He buceado tantos años
en este océano inmenso;
es oscuro, es tan frío,
y ¡sigo tan extraviado!
En medio de este silencio, en encierro,
solitario, sin rumbo y sin certeza,
cada vez más exigente:
no dejaré de esforzarme,
ya que quiero esta vez,
encontrar lo que he ignorado,
sin más vanas distracciones.
He visto años terribles,
también incontables errores;
necesitaré una y mil vidas
para corregir lo hecho.
Y ni así lo lograría:
ya nada sería lo mismo.
En medio de este silencio, en encierro,
solitario, he visto con gran espanto
de qué he sido capaz y
cuándo he sido cobarde.
¡¿Cómo podré perdonarme?!
He muerto una y mil veces,
junto a quienes he fallado.
En medio de este silencio...
¡Cuánto tiempo he recorrido!
En medio de este silencio,
¡cuántas vidas he vivido!,
todas juntas, simultáneas,
es un constante presente.
En medio de este silencio...
aúlla mi alma su duelo,
no quiero olvidar lo hecho
ni tampoco lo desecho;
está todo frente a mí,
muy profundo, en mi pecho:
mi corazón me lo cuenta
en cada latido mudo.
En medio de este silencio,
inmerso en oscuro océano,
lucho por sobrevivir,
para corregir mis yerros;
aprender de las verdades
que muestran mis experiencias,
ver con ojos que miran
lo que no estaba a la vista.
En este nuevo silencio
en que escucho lo inaudible,
oigo con oídos sordos a lo que
hasta ahora he oído:
sólo allí dentro se oye
el relato verdadero
de lo que hube vivido.
En este encierro tan libre,
en que hago lo que quiero
como antes no lo he hecho,
puedo aprender cuál será
el apropiado sendero;
el que me conducirá
al principio y al final
sin separar esa unión,
el proceso y los hechos.
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