He visto hacia arriba
las copas lejanas
de árboles ancianos
su vejez muy joven,
su fuerza en cada rama,
su tronco firme y compacto;
tan erectos y nobles
más que cuando eran retoños,
sus plantas en tierra hundidas
y sus raíces luchando
por tejer su raigambre,
sostén de su crecimiento,
necesario anonimato;
aquello que está oculto
es muy real fundamento.
Asombra su aspecto
Vigor y entereza:
cada hoja está viva
cada rama es firmeza.
No cesa de ascender,
busca elevarse
eso es su vida:
buscar la cumbre en el silencio
Permanecer allí es su meta,
solitario en su grandeza,
humilde en su igualdad
de ahí su frondoso ramo
y su congregación en bosques.
Hay respeto, delicadeza,
crece dejando crecer,
da vida a lo que se acerca
es pleno nido y lecho
de aquella diversidad
en su tronco protegida.
Derechos, curvados,
de verde perenne
o dorado de otoño,
no importa la altura,
por siempre tan nobles
regia la estirpe
única del árbol,
pleno de vida ante tu vejez;
tus brazos muy firmes
hacia el Cielo van,
tal es tu grandeza
en gran humildad,
impone tu porte,
invita al silencio
y a la contemplación.
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