Los hechos de cada día,
al llegar la noche,
traen sinceramiento,
dejan fuera todo engaño
como el mirarse al espejo
en el que se refleja,
con pureza, la verdad.
Verla sin retaceos,
aceptar su contundencia,
asumirla con paciencia
atreverse a revisar:
no existe culpa ajena,
cada uno es el amo,
los hechos le pertenecen,
es cargo, obra, conciencia
nada más que de su autor.
Querer romper el espejo
es querer destruir lo hecho,
¡ah!, este es un gran error.
Rechaza su propio bien
quien no acepta su obra,
la revisa, limpia, cambia;
hay esperanza en el cambio
en sincera aceptación.
La verdad trae la luz
alumbrando intenciones,
el nuevo ser ya dispuesto
el nuevo día estrena;
hay deseos de obrar
sin repetir viejos yerros.
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