Metáfora más perfecta
no he conocido, hasta hoy,
seguro estoy de tal noción:
La vida en este mundo es,
la metáfora más perfecta de
la muerte.
Cada vez que una
vida aparece,
aparece con ella su final
inevitable:
no basta más
que haber nacido
para morir.
Desde la escición
que me ha trascendido,
surgió la idea,
este saber marcó con fuerza
mi razón.
Desde mi corazón
contrito,
apareció claramente,
en ese mismo instante, ya
no se borra de mi mente.
Puedo extenderme,
expresar el sentir;
es que ahora he sabido
cabalmente, con crudeza,
que todo lo nacido
morirá.
Sé que lo dicho
no es noticia,
carece de novedad,
pero, amigos dejad que diga,
con todo mi ser despierto,
que la vida es
la metáfora perfecta
de la muerte que es la vida.
¿Cómo ha venido este
duro pensamiento?
Con mi dolor ha llegado,
del dolor una expresión,
un falso consuelo intentado,
vulgaridad por sabido,
sin originalidad.
¡Es tan cruel, desolador!
No por sabido querido
ni siquiera aceptado
sino más bien
rechazado
con desesperación,
aun siempre esperando
que no sea ese el dia.
¿Algo más podría decir?
Queda la inmensidad de lo
eterno,
imposible de entender
desde esta pequeñez,
sin embargo,
se presiente,
en cada vida presente
entonces digo y por cierto
yo lo doy:
después de esta vida tan corta,
vendrá seguro, la eternidad.
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