Palabras que encierran
enorme sentido,
adornan ideas,
las hacen más bellas;
atraen las mentes,
seducen las almas,
complacen.
Hondas emociones
llenan a quien oye,
o lee o recuerda
aquellas palabras de vida
que atesoradas son.
A veces, sin esfuerzo fluyen
con dulzura
hasta con nobleza.
A veces, ¡oh!, a veces, estallan,
laceran a quienes oyen
tal como látigo,
hienden la carne.
Palabras hirientes
son inolvidables,
huellas profundas
de ellas quedarán,
sentimientos difíciles de borrar
y perdonar.
Asimismo, palabras dulces,
amorosas,
no serán para el olvido;
a quienes las dicen
le dan bendiciones,
y quienes las reciben
benditos son también.
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