Me pregunto cómo haré:
trato de expresar
lo que anida en mi interior,
muy dentro,
sin conseguirlo.
Por más que busco
no encuentro la forma;
escribir este mensaje
que debe ser dicho
será difícil tarea
pues no quiero volver
a decir lo trillado
tampoco lo sensiblero,
menos aún,
lo cotidiano.
Parece ser que las almas
frecuentan lugares
que sólo ellas conocen;
otros mundos, otras vidas,
se llevan las palabras
de lo antes conocido,
sin dejar que mi viejo
idioma las exprese
en su novedad.
Condenado estoy a callar
el decir de estas lenguas.
Tendré que aprender, entonces,
el noble papel
de guardar silencio
y no llenar espacios
de vanos intentos
sin fruto ninguno.
Dime alma mía:
¿Qué debo decir?
¿Cómo lo diré?
¿Qué es lo que has visto?
¿Cuál fue tu mirada?
Déjame observar
con tus mismos ojos
aquello descubierto;
déjame decir
en palabras nuevas,
toda la primicia
que guardas en ti.