En mi fé, para desearte lo mejor
es que escribo estas palabras.
A la par que me pregutno
si tú también quisieras lo mejor
lo que me lleva a pensar
¿qué sería lo mejor para ti?
.
Entonces pienso si cuando
creo desear el bien
estaré haciendo lo que
trajera el bien que necesitas.
Termino, entonces,
deseándote la paz,
esa paz que te llena el alma
y serena tu vivir.
¡Qué hermosa naturaleza te rodea!
Y mientras esperas que llegue
a tu vida la Paz,
dedícate a contemplar
la belleza en la que estás inmersa.
No hay allí ni un solo lugar
que no haya sido una bendición.
¿Lo has notado?
Pienso asimismo,
en qué designio te habrá llevado
a estar allí.
Como
ves, mi vida,
como la de cada quien,
es un diario misterio
que no logro desenmarañar
en ninguna de sus caras
¡que son infinitas!
Tal vez infieras que mi vida
transcurre en honda angustia
y constante ansiedad;
para nada es así.
Te aseguro que paso las horas
más calmas que haya tenido
en toda mi vida.
He dejado toda inquietud
porque ahora, al fin, sé
que no sé nada.
He dejado toda tarea
en las manos sabias
de Quien es el Único
que sabe,
y descanso
en la convicción de la
tarea bien realizada.
Todo mi trabajo es
dejarle mi trabajo,
y ocuparme de no
salirme del lugar
que, a Su lado
he hallado.
Si te intrigan estas palabras,
tienes que saber
que, en todo caso, tú,
eres mi espejo e inspiras,
sin duda,
todas estas confesiones.
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