He pasado años
leyendo el Libro
sin ver a través de su letra.
En diferentes edades
de distintas maneras,
en diversas situaciones.
Nunca había visto EL AMOR;
sólo encontraba la Ley,
el castigo por incumplirla,
la tragedia del mal irremediable
Doy gracias por ser hoy,
receptor de la misericordia
divina;
haber sido permitido
entre los que creen.
Ustedes no vienen a mí
sino que
son llamados,
son sus palabras.
Sin duda es así.
Confiado y sereno
en el refugio inefable
de la gracia otorgada por su amor
se vive esta vida sin esperar en ella
ningún futuro.
Lo mejor para todos es,
ver desde el alma
esperar la eternidad.
Después de atravesar
lentamente
el desierto del olvido humano,
me llama, me trae,
me une a su amor;
me inunda Su Luz.
Ciertamente, no iríamos
hacia la Promesa
si no fuéramos
llamados por Su amor.
La más grande desolación
sobreviene a nuestra vida
cuando nos alejamos
de Él.
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