La mirada que más ve
es la de los ojos internos
está ajena a lo exterior
y ve al fondo, la luz,
en el silencio de las sombras.
La tiniebla del silencio
se ilumina en lo denso,
esos ojos interiores
escrutan la realidad,
descubren esa verdad
que en ella se esconde.
Esa mirada contempla;
es aguda en su visión,
es la exactitud
de lo descubierto
tras haber mirado allí,
en lo hondo, la verdad.
Quedarse quieto y entrar,
mirar lo que está oculto
muy calmados, descubrimos
que siempre ha estado ahí
pues eso es lo que somos.
Cuesta llegar al fondo
sin embargo nos habita,
nutre, enseña, guía y,
sobre todo, nos ama.
En silencio y atento
he de volver a entrar
Eternidad he hallado
¡Mi vida no tiene fin!
Es lo que he encontrado.