Duelen, plenos de lanzas hirientes
arrojadas con violencia
en los profundos vericuetos del
profundo lugar del alma.
Duelen, los sentimientos hondos
que llenan ese recóndito lugar,
donde abundan los por qués,
y no existen las respuestas.
Duelen, ¡y son enormes y oscuros!
Interminables páramos, donde se pierde
toda noción y orientación,
y llega el extravío desesperado.
Duelen, y no cesan; no parecen
tener fin. Se deambula sin descanso ni respiro,
y de allí, yo me pregunto: ¿cómo se logra salir?
Es que esa alma, sin amor, es un laberinto,
y es un páramo sin luz.
Si hay amor, ¿fuera un páramo de a dos?
Laberinto esperanzado en el que,
pareciera haber luz, consuelo, sosiego, calma, paz...
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