domingo, 4 de marzo de 2012

Páramos del alma

Duelen, plenos de lanzas hirientes
arrojadas con violencia
en los profundos vericuetos del
profundo lugar del alma.

Duelen, los sentimientos hondos
que llenan ese recóndito lugar,
donde abundan los por qués,
y no existen las respuestas.

Duelen, ¡y son enormes y oscuros!
Interminables páramos, donde se pierde
toda noción y orientación,
y llega el extravío desesperado.

Duelen, y no cesan; no parecen
tener fin. Se deambula sin descanso ni respiro,
y de allí, yo me pregunto: ¿cómo se logra salir?


Es que esa alma, sin amor, es un laberinto,
y es un páramo sin luz.

Si hay amor, ¿fuera un páramo de a dos?
Laberinto esperanzado en el que,
pareciera haber luz, consuelo, sosiego, calma, paz...

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