Ese viaje, misterioso, brillante,
hundido en las honduras, ¿de quién,
o de qué, o de dónde? Nunca, nunca
sabré en qué lugar estuve.
Era todo luminoso, pero era prisionera;
tenía mil llaves, no supe si eran para abrir
o para cerrar definitivamente,
era todo tan incierto y real a la vez.
Querría haber sabido, cuánto tiempo
en ese lugar recóndito estuve,
pero nada me lo diría, pues tal vez
no estuve, y ese ha sido el misterio.
Querría saber quién era cuando allí estuve
y si era yo quien estaba, y con quiénes,
si de verdad estaban, o sólo era mi ilusión
de estar acompañada.
Dejóme una sensación de haber pasado
la leve puerta que separa la vida de la muerte
y que, habiéndolo hecho, se me ha permitido
retornar con la visión, de un lugar inexplicable.
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