Alma mía, qué lejos estás,
no esperas mi paso, tan lento el andar,
y tú vas y vienes, harta ya de regresar
a este páramo oscuro, que no puede acompañar.
Vas leve y ligera, volando alto y
sin ver que mi cuerpo pesa tanto,
que no puedo, ni siquiera un poco,
remontar mi poquedad,
y sólo arrasto y arrastro, mi pobre humanidad.
Alma mía, otra vez saliste, y otra vez has vuelto,
y me muestras, mi mísera humanidad.
¿Por qué me castigas volviendo,
pudiéndote escapar y nunca más regresar?
Así menguaría mi pena, mi pena de no volar.
Una gran alegria y una profunda emocion de que puedas expresar con palabras tan inenarrable experiencia!
ResponderEliminar