| Nada de lo que te ofrezco quiero que perezca Deseo que para ti todo bien sea eterno. No quisiera jamás darte algo que muera Más bien, no te lo doy; sólo quiero para ti, de todo bien la eternidad. Por bellas que fueren las rosas que te subyugaron, no te las daré. Mañana se marchitarán y de ellas y su encanto, nada quedará. Tengo tesoros y no te los daré. Son objetos que a tu alma no irán. Mi deseo más ferviente es tu alma habitar, y eso es eternidad. Quiero darte todo aquello que no tenga fin. ¿Cómo haré, si yo mismo habré de perecer? Es por ello, mi vida, que tantas veces mi tristeza contemplas. Es el desconsuelo de saberme mortal y no poder, eternamente, tu rostro contemplar. Y quisiera decirte desde mi levedad, que si algo eterno existe, allí estaré, por ti, y desde allí mi amor te entregaré sin fin. |
martes, 2 de junio de 2015
Promesas desde más allá
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