martes, 2 de junio de 2015

Promesas desde más allá


Nada de lo que te ofrezco
quiero que perezca
Deseo que para ti
todo bien sea eterno.

No quisiera jamás

darte algo que muera
Más bien, no te lo doy;
sólo quiero para ti,
de todo bien la eternidad.

Por bellas que fueren

las rosas que te subyugaron,
no te las daré.
Mañana se marchitarán
y de ellas y su encanto,
nada quedará.

Tengo tesoros y no te los daré.
Son objetos que a tu alma no irán.
Mi  deseo más ferviente es
tu alma habitar, y eso es
eternidad.

Quiero darte todo 

aquello que no tenga fin.
¿Cómo haré, si yo mismo
habré de perecer?

Es por ello, mi vida,
que tantas veces mi tristeza
contemplas.
Es el desconsuelo
de saberme mortal
y no poder, eternamente,
tu rostro contemplar. 

Y quisiera decirte
desde mi levedad,
que si algo eterno existe,
allí estaré, por ti, 
y desde allí mi amor
te entregaré sin fin.

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