domingo, 18 de octubre de 2015
Historia de odio y de amor
Quiero contar aquí la historia
de una vieja aviesa que odiaba
a los seres que se amaban:
era una amante a quien por suerte impía
su madre aviesa le arrebató a su amado.
Todos los días, empecinadamente,
buscaba mil maneras de arruinar el amor
que a su lado rondaba,
no importando quien fuera aquel a quien
dañara.
La gente murmuraba con cierto temor:
es como la muerte que escapó del infierno.
Una horrenda mañana, su maldad creció
y destrozó con saña todo lo que vio:
Hombre, mujer, niño, madre, hermano, hermana.
Todo le era poco en su sed insaciable
de odio y destrucción.
Y desde sus penumbras, ya horrorosa
tiniebla, bruma temible y amenaza cierta,
vociferó con ira, y maldijo al amor y
a todos aquellos que lo profesaban.
Desató las iras, descerrajó insultos,
terribles calumnias, injurias, y de su boca
negra, salían las llamas de su odio eterno.
Su cuerpo deforme, ya cansado y débil,
adquirió la fuerza del guerrero intrépido,
y sin medir sus actos, ¡vaya qué imprudencia!,
la emprendió sin más, contra dos amantes,
dos seres unidos en sus puras almas,
encontrando en ellos lo indestructible:
suavidad, ternura, paciencia, piedad,
y la misericordia de un dulce perdón,
comprensivo, quedo, sin palabra alguna.
Bastó este encuentro para que la arpía
en brevísimo instante, desapareciera.
¡Qué distinto fin hubiera tenido, triste
desecho de mujer amante!, si aquella,
su madre, quien también fue arpía,
no la depredara en sus tiernos años...
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