martes, 4 de julio de 2017

Labios helados

Tus labios helados apenas rozan
mis mejillas. 
Mi mirada triste observa tu espalda
en el irse habitual.
Siempre es igual, no puedes quedarte,
evasiva, en constante retirada.
Me pregunto para qué vendrás,
si conmigo no quieres estar.

Tus brazos laxos, sin ademán;
no tienen abrazo, no lo saben dar.
Tus manos tan frías, esquivas,
al bolso se van.
O cruzas tus brazos poniendo
distancia, alejándote.
Me pregunto para qué vendrás,
si conmigo no quieres estar. 

Tu mirada huye, tu conversación,
banal, ¡cómo se nota tu incomodidad!
Pregunto: ¿qué te que hace volver
y de ese modo ser? 
Será que te agrada mi ser humillado
y con ello gozas.
Será que aún no hallaste otro blanco
fácil a quien maltratar. 

Tus labios helados rozan mi mejilla,
más que besos, bofetadas son.
Siento tu desprecio, tu rabia en la piel,
¿será porque no puedes dejar de volver?
En silencio observo cada actitud,
tus palabras,  un gesto: ¡extraño soy para ti!
Esa desconfianza, ese sigilo, esa cautela;
¡es tan dolorosa esta situación!

Quiero pedirte, y lo he decidido,
que no vuelvas más.
Quiero dejar de penar por lo que
no he buscado y es mi prisión.
Quiero dejar de padecer por esta ilusión
mía, nunca de los dos.
Se acabó la pena y también la condena;
no veré tu rostro ya nunca jamás.

No hay comentarios:

Publicar un comentario