Anoche, cuando te ibas,
te he preguntado
hacia adónde ibas,
pues cada noche tú te retiras,
de mí te apartas para viajar,
y cuál es tu búsqueda,
nunca lo dices ni me respondes.
Te he preguntado, después de años
contigo estar, qué mirarás,
qué escucharás, qué aprenderás;
cuál el mensaje que traerás
cuando regreses, por la mañana,
en mi despertar.
Te he preguntado si volverás,
si así no fuera, dónde estarás,
y he pensado una vez más,
como otras noches, del mismo modo,
que tu lugar será el de tu Origen
donde seguro quieres estar.
Te he rogado, que busques luz,
que me la traigas para brillar,
resplandeciendo en el nuevo día
por la respuesta que en mí darás,
inaugurando el nuevo día
que tu regreso me ha regalado
cada mañana, al despertar.
Anoche, cuando te ibas,
te he preguntado, ¡oh!, alma mía,
si al encuentro con el Espíritu,
vas cada noche,
cuando te vas...
jueves, 24 de enero de 2019
martes, 22 de enero de 2019
Escollera
Estoy en la escollera,
fiera, peligrosa,
alta, solitaria, lejana, inmersa en el mar,
soportando sobre ella, viendo, oyendo,
los embates incesantes del mar,
Tan solitario estoy como ella,
tan indefenso como ella,
tan endurecido y apretado como ella.
El temor me recorre la espina,
pienso en mi vida tan tirana
y dueña de mí, tal como el mar
es de la Tierra.
Su constante movimiento
se asemeja a la caudalosa
y cambiante marejada de emociones
que nos chocan y arremeten cada día
desde todas partes y que no podemos
manejar desde nuestras también
revueltas emociones, ecos de tanta
revolucionada actividad.
Me veo, solo, infinitamente solo,
soy hombre y mujer, soy humano,
un ser viviente que heróicamente
trata de sobrevivir tanta tempestad
avasallante.
Se me ocurre pensar a los demás
en sus conductas, tal como veo
las furia del océano, imparables
impredecibles, invencibles...
¿Somos cada uno de nosotros
una horrible tempestad desatada
que jamás encuentra sosiego
ni quietud?
¿Dónde estará el final de esta lucha?
He llegado al final de la escollera
y me veo más rodeado aún de la
violencia de las aguas, sin tregua,
sin rumbo, encerrado en la intemperie.
¿A este fin se asemeja el nuestro?
Una aporía de la existencia.
miércoles, 16 de enero de 2019
Borrasca y vida, tan parecida
Galerna, que de pronto arrecia
y todo desparrama,
temporal, imprevisto y negro,
muy destructivo
tormenta, amenaza desde lejos
se desata cerca,
ciclón, todo te lo llevas sin dejar
los restos ni de la memoria,
tempestad, en que nada puede verse
y es estar inmerso en ceguera total,
tromba, manga de ira desatada y fiera
todo te llevas en vértigo veloz,
tifón, cortinas revueltas de agua del mar
océano iracundo implacable y letal,
torbellino, vórtice de sensaciones irrefrenables,
huracán, inclemente viento, golpe feroz
destructivo y arrasador.
Riesgo, aventura, peligro, contratiempo,
todo esto es la vida y más.
Impredecible y loco cada día,
aparece y se va,
hasta que acaba
sin avisar,
como cualquiera de los
cambios del tiempo de este lugar
en que nos ha tocado habitar.
Así quedamos, destrozados,
asolados, arrasados.
Así vivimos sin saber qué nos espera
cada vez.
Así nos llegan los dolores, los hechos
y las horas, todas ignoradas, todas sin igual.
Inexplicablemente esta vida
nos ha sido dada,
e inexplicablemente transcurre
sin que sepamos por qué.
Aunque busquemos, afanosamente,
un lugar recóndito donde proteger
nuestro transcurrir,
seremos alzanzados sin piedad,
y de nosotros quedará ese resto
miserable desde donde comenzaremos
otra vez nuestro descalabrado caminar.
y todo desparrama,
temporal, imprevisto y negro,
muy destructivo
tormenta, amenaza desde lejos
se desata cerca,
ciclón, todo te lo llevas sin dejar
los restos ni de la memoria,
tempestad, en que nada puede verse
y es estar inmerso en ceguera total,
tromba, manga de ira desatada y fiera
todo te llevas en vértigo veloz,
tifón, cortinas revueltas de agua del mar
océano iracundo implacable y letal,
torbellino, vórtice de sensaciones irrefrenables,
huracán, inclemente viento, golpe feroz
destructivo y arrasador.
Riesgo, aventura, peligro, contratiempo,
todo esto es la vida y más.
Impredecible y loco cada día,
aparece y se va,
hasta que acaba
sin avisar,
como cualquiera de los
cambios del tiempo de este lugar
en que nos ha tocado habitar.
Así quedamos, destrozados,
asolados, arrasados.
Así vivimos sin saber qué nos espera
cada vez.
Así nos llegan los dolores, los hechos
y las horas, todas ignoradas, todas sin igual.
Inexplicablemente esta vida
nos ha sido dada,
e inexplicablemente transcurre
sin que sepamos por qué.
Aunque busquemos, afanosamente,
un lugar recóndito donde proteger
nuestro transcurrir,
seremos alzanzados sin piedad,
y de nosotros quedará ese resto
miserable desde donde comenzaremos
otra vez nuestro descalabrado caminar.
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