viernes, 22 de febrero de 2019

¿Por qué no?


Mucho lo pensé
(o no tanto) 
y me dije, decidido,
aunque no haya nada a la vista,
algo habré de ver
cuando lo intente,
escrutando en los rincones 
de mi mente.

Así, sin avíos aparentes,
ni nutridas ideas que alimenten
mi pensamiento, me he atrevido;
escribo, y tal vez me condeno
por no hacerlo cuando fluye
sin llamado previo y sin esfuerzo alguno
de mi humana parte, sino
solamente como canal de lo misterioso
y espacial que llega y habita 
en este plano para dicha de
la pobre y efímera vida terrenal.

A esos vericuetos laberínticos voy
y me pierdo irremisiblemente,
pues no alcanza mi verba ni mi escritura
para expresar lo que allí encuentro.
Todo se transforma en emociones y sensaciones
que atraviesan mi ser, sin pausa ni descanso,
para los que no encuentro explicación
Con mi pecho oprimido, en medio de gran
agitación, respirando con dificultad,
apenas puedo escribir, temblando.

Ahora veo que la empresa 
que creí ser capaz de lograr,
es muy superior
a lo que puedo dar, y me sobrecoge
el miedo de no decir bien 
aquello que ahora veo y descubro
y entonces, no me atrevo,
lejos de eso, me acobardo. 
Debí haber dejado que las palabras
fluyeran solas, sin  haberlas buscado;
los momentos en que llegan, su tiempo,
son los momentos en que debo escribir
y no los que yo elija, pues yerro
y cometo estos desatinos que aquí
he escrito.

Estas palabras serán testimonio,
para que las vuelva a ver con claridad,
que los versos no han sido míos,
sino de quien sea que me los haya
dictado para que pueda escribirlos
y para que los otros, 
quienes los leen, puedan recibir 
esos mensajes, que serán los necesarios
y llegarán en el momento adecuado, 
distintos, según lo que se precisare.

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