lunes, 17 de septiembre de 2012

Aridez

Ha llegado y es tan áspera
Se siente como una lija
Acero forjando el alma
Encallecido el pensar

Los sueños se evaden, veloces
Paraísos imosibles de alcanzar
Realidad sombría y seca
Sin los sueños, ¿quién querría continuar?

El alma seca, gris harapo
Los ojos miran sin ver
Las manos, se quedan quietas
Sequedad hasta en la piel

Allá, muy profundo, se oye,
si es que lo quieres oir,
una voz débil y suave,
que reclama su existir

Es la vida, que reseca,
pugna por lluvia de amor
que resarza su sequía,
que de nuevo dé un vivir
 

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