viernes, 5 de septiembre de 2014
Deseos
Aunque cientos de bienes, consiguiéramos,
ni satisfechos ni tranquilos estaríamos,
ya que alguna otra cosa desearíamos.
No hay bienestar, ni fortunas poseídas
que satisfagan el humano deseo desmedido.
Sabiduría falta, y no es buscada
y las cosas sencillas no conforman.
Si dinero fuera, nunca bastaría,
si amor hubiera, no alcanzaría.
La capacidad de deseo se renueva.
La ambición aumenta, el ansia crece.
Diamantes, perlas, oro, tesoros sin fin
no serán logro bastante;
siempre habrá nuevos deseos insatisfechos
y tristeza por lo que no se tiene o no se apropia.
Reinos, castillos, tierras, pueblos,
todo se conquista y se posee,
y aún así, no da hartura al deseo.
El hombre lucha por dominios
y se va su vida en esa lucha,
sin conocer la dicha simple
de los amores disfrutados en la calma.
Deseo inagotable, que del hombre haces presa,
¿cómo puede un débil ser contravenir
tu poderoso y destructivo mandato?
Desde el alma, un clamor no oído,
el deseo ensordece el espíritu,
y se confunde el amor con la codicia.
Avaro el hombre, es un hueco sin fin
y su propio deseo y avidez le impide,
vivir en el confort del sosiego del amor.
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