¡Cuánto siento tu ausencia si te vas!
Cuando veo tu espalda y te marchas,
te llevas mi alma y no lo sabes
Entonces, pienso, ¿cuándo podrá ser mi sueño contigo compartido?
Apoyo mi cabeza en la almohada y veo,
que de nuevo estoy solo en mi ancha cama
y que nada me abrigan las frazadas.
Las horas se hacen largas y
llega muy suave la mañana,
y otra vez estoy solo en mi cama.
Cuánto me apena esta ausencia repetida,
y fantaseo, como siempre, con que llegas,
y de pronto me anuncias que te quedas...
Algún día, tal vez, algún día, me sorprendas
y aparezcas, tus avíos en las manos, diciéndome, con tu sonrisa plena,
¡que aquí estás y aquí estarás
toda una vida!
No hay comentarios:
Publicar un comentario