miércoles, 4 de febrero de 2015
Darse cuenta
La belleza y la alegría
de darse cuenta
inunda el ser y purifica
aquello viejo.
Darse cuenta, conseguir
el cambio, y no volver
a lo antes visto y vivido
que, ahora sí, se habrá ido.
Darse cuenta, que la tumba
es para el viejo y
la vida para el joven,
en el buen sentido.
Ver y darse cuenta
es saberse solo y
conocer que todos lo están,
y que así es esta vida.
Darse cuenta es, también,
ver la alegría que nace dentro
y que no se encuentra fuera
ni depende de los otros.
Darse cuenta es escuchar
y aprender de los demás;
mirar con piedad, tener
presente las semejanzas.
Darse cuenta es no enojarse;
antes bien buscar la causa,
conocer, conciliar consigo mismo
y trocar esos hechos en bondad.
Darse cuenta, darse cuenta.
¡Quién pudiera, todo el tiempo,
darse cuenta y cambiar,
buscando el bien, y entonces...
descansar!
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quien pudiera
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