Caen sobre nosotros, nos acarician,
nos bañan,
nos refrescan,
nos suavizan,
nos enternecen,
nos limpian,
nos hacen decidir,
nos alumbran
entre caudales de frescura
y perfumes
que nos regala la existencia.
Recibimos este baño
en fuentes
y manantiales;
somos deslumbrados
por lo que nuestros ojos ven
y extasiados desde nuestra piel,
y sabemos, entonces,
que habíamos estado ciegos
y resecos.
Luego vemos, que somos
felices cuando queremos,
no porque otros hayan hecho
que lo seamos.
¿Quién puede ser feliz
si no lo desea, se lo procura
y se deja ganar por ese estado?
¡Esas fuentes y manantiales
surten su caudal
desde algún lugar recóndito
del alma reencontrada!
Hasta que dejamos que fluyan
no somos lo que somos,
dejamos caminos
sin recorrer,
experiencias sin vivir.
Temores y tabúes acosan
nuestras vidas
y las prohibiciones
nos coartan las alegrías.
Aquéllos que no aprecian
nuestro amor,
deben ser olvidados,
seguir nuestro camino
sacudir nuestro cuerpo,
recuperarlo de aquellas entregas,
sabiendo que hemos hecho
un bien en el vacío.
Busquemos otros horizontes
donde volcar los afectos
sin lamentar el tiempo dado.
Habrá quedado escrito en los
tiempos de la eternidad:
nos habrá beneficiado.
Hemos sido, pero aún queremos ser
Hemos vivido, pero queremos vivir
Hemos sido desdichados
Hemos salido de allí
Hemos disfrutado nuestra liberación
Nos hemos extasiado
en esa liviandad.
Vamos pues, por más
Hay mucho para tomar
¡a por ello vamos!
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