miércoles, 29 de abril de 2015
Los que escuchan
Seres afables, enriquecen,
son inestimables,
aquellos que escuchan
cuando alguien les habla.
Aquellos que atienden
lo que el otro dice.
Aquellos que abren sus almas
a las otras almas.
En silencio oyen, comprenden
y callan; no están juzgando:
entregan y ofrecen momentos
de su propia vida.
El otro es valioso, interés despierta,
sólo porque es otro. En él se refleja,
contempla su rostro, su mundo comparte;
con él se conmueve, se emociona.
Ora ríen juntos,
o las penas surgen, y son aliviadas,
cuando alguien escucha
lo que el otro cuenta.
Gestos de dulzura,
miradas que abarcan,
abrazo oportuno,
lágrima enjugada,
recreo del alma
que está atribulada;
encuentro de almas,
porque aquel que escucha
acoge y consuela,
y desde lo profundo, muy suavemente,
toca lo profundo.
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