Por unos días, tal vez pocos,
(tengo esa ilusión),
he dejado la alegría a un lado
y la sombra me rodea
y sobrecoge.
Quiero gritar a los vientos
y decir cuánto pienso de mí
y de los otros, sin ambages
ni delicadeza alguna.
Brutal y cruel.
Tengo agarrotado el pecho y
enloquecida el alma
y sé que es así
pues no tengo paz:
con la alegría, ella se fue también.
Mis brazos duelen de tanto
contenerme,
mis ojos arden porque
no mana el llanto,
y quiero llorar, incansablemente.
¿Dónde ha ido mi armonía?,
me pregunto, y estoy inquieta,
sin escuchar respuesta alguna
que me satisfaga,
ni veo salida en estos días.
Otras realidades y otros sueños
me acompañan, y son mi pan amargo
¿Habrá algún vestigio de paciencia
en mí, que me sostenga
en medio de este torbellino?
¿Hacia dónde me lleva este estar
en el que no encuentro
camino ni guía
y la niebla me envuelve
en mi oscuridad?
Calle sin salida,
aporía de vida
una vez más
y vuelvo a pensar:
¿qué hago aquí?
Muerdo mis labios,
aprieto los dientes
hasta rechinar;
las manos se cierran,
el puño amenaza.
Todo en mí es guerra,
y parece ser
mi estado natural...
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