jueves, 31 de diciembre de 2015

Admiración




Me has dejado ver tu alma
y he quedado anonadado, 
extasiado.
No había visto antes, en nadie
tanto amor, tanta dulzura, 
tanto dolor en su alma,
y ella misma,  expresándolo
a través de humanas palabras,
dulces, temblorosas, conmovedoras.

Cuànta vida hay en tu vida, 
cuántas experiencias 
en tan corto tiempo, 
cuánto dolor padecido, 
cuánto amor ofrecido, 
cuánta alegria  has dado, 
tan generoso y amable, 
tan afectuoso y comprensivo.

Veo en ti el enorme océano 
de posibilidades en tu ser. 
Ve por alguien que vea ese océano también, 
no seas sólo la barca donde el otro, 
cómodamente, se deja llevar
mecido en tu vaivén.

Ve, y espera sin esperar, 
que el Universo ponga a tu lado 
a quien reme, nade, luche, ame, 
ría, beba, coma,
disfrute contigo;
no de lo que le das 
sólo porque se lo das, 
y nada más toma,
sino porque te ama.

Cuánta sabiduría hay 
en tu corazón noble. 
Tus palabras son perlas, 
y son fruto de tu pleno conocimiento 
de los hechos que te forman; 
de lo que has recibido, 
de los caminos que has recorrido 
por tu propia voluntad.
Esto no olvides: 
has sido tú quien ha querido estar 
en esos lugares, de esos modos; 
no fueron los otros los que te hicieron, 
tú les dejaste hacer e hiciste contigo
lo que sentiste querer hacer.

Querido amigo, tu alma resplandece,
deja que se note su brillo 
y alguien, que vea en las almas, 
verá esa luz, e inevitablemente, 
¡te amará!

lunes, 21 de diciembre de 2015

Penas, partida, final


Mi clamor y mi queja
por mi boca emito
y sube de mi pecho 
el amargo flujo.
No reparo siquiera
en mi penoso aspecto;
¿para qué, si no me
pertenezco?

Dejo caer las manos
en mi desaliento;
mis brazos laxos,
mi ser inconexo,
mi cuerpo vacío.

Mi yo incompleto

se suelda en un alarido;
la cabeza inclino
y vencida, mi alma
huye de mi cuerpo,
hastiada de mi debilidad.

¿Por qué ella no me habla 
si ya lo ha visto todo?
Si es mi vida, y ella es mi alma,
¿por qué guarda el secreto?
¿Por qué vivo ignorando
si ella sabe?

En mi exilio pienso:

tal vez, no estuve listo para ver
y saber lo que no supe,
y tal vez, sólo se vea la luz
cuando la hora llegue
y ya sea tarde. 

El lugar de los sueños


Hace días que me pregunto:
¿Adónde voy cuando sueño?
Cada día al depertar, 
sé que no estuve,
que he visitado otros lugares
y que he vuelto de otro modo.

Somos afortunados viajeros
nocturnos; tal vez sea de día
en nuestros viajes, tal vez
no haya día ni haya noche.
Tal vez sea todo 
al mismo tiempo.

Vuelvo extraño,
nunca el mismo;
algo indescifrable 
me acompaña,
pero jamás descubro 
su misterio insondable.

Me pregunto estos días
por qué no puedo estar en mí
durante el sueño;
seguro me separo de mi ser
para ser otro.

Intrincado dilema en el que
habito, sin poder aclarar
siquiera un punto.
¿Qué me espera esta noche?,
me pregunto.
¿Y mañana cuando 
haya despertado?

No sé qué me apasiona
y me motiva más: si entrar en mis
sueños  o salir de ellos;
pero seguro estoy que 
cuando se interrumpen,
no soy más aquel que por
la noche viajó en ellos.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Cubrir el sol



Bajo su luz impertérrita
se sienta el caminante agotado
y quisiera él ocultar su brillo
que ilumina su triste cansancio
y parece descubrir sus ocultos pensamientos.
  
Le parece una burla 
su resplandeciente brillo
y un insulto su presencia;
intruso de su oscuridad
invasor de sus secretas intenciones.

Todas sus miserias descubiertas,

¡y quisiera con afán ocultar todo!
Pero no es posible esconderse
con esa poderosa claridad
que todo lo descubre a la vista.


Quisiera ensombrecer su entorno

y que nada ni nadie viera su miseria,
ya que piensa cosas tan negras y terribles,
tan raras, tan hermosas, tan...suyas,
que se siente despojado en descubierto
bajo la luz de este sol tan indiscreto.

Teme también que al descubrir sus intrigas
los que lo aman huyan aterrados
y quede solo y desterrado
al quedar su tiniebla expuesta,
y reflejar y recordar la de los otros
que oculta se mantiene por temor.

Entonces quisiera ser tornado,
negra nube que ensombrezca el sol
y su brillo apague propiciando su escondite;
ocultarse en lejana cueva, y distante,
detener y aquietar los ríos de su mente
que perturban su alma y su vida
sin saber siquiera cómo hacerlo.

Todo hombre que habite en este mundo
tiene sombras y secretos innombrables,
y en la oscuridad se siente protegido
hasta de sus propios pensamientos-
Por eso ha de buscar la soledad
para encontrarse con la calma 
y sosegar su vértigo, luego volver
y caminar, como los otros, como si
no tuviera ni sombras ni secretos.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Arena en los ojos



He sentido que mis ojos

se llenaban de arena y dolían
sin remedio ni alivio.
Tormentas violentas de arena
ardiente me golpearon el rostro.

Espinas agudas se clavan 

en mi carne y sé que las heridas
van a durar, y que esas cicatrices
me van a marcar el resto de
lo que mi vida dure.

Me sorprendió el torbellino

y, atónito, desesperé;
hice aquello que no quise,
me acobardé, gemí y lloré,
y vi cuán débil era, y soy.

Caminé indeciso y temeroso
y he perdido los arrestos
que antaño creí poseer para
enfrentar los vericuetos
de la vida, tantos y tan
intrincados e inesperados.

Ahora...¿qué me queda
sino esperar, cabizbajo
y obediente, la próxima 
tormenta que arrasará
mis días con violencia,
sin pausa y sin apuro?

No digo más que estoy
con los avíos necesarios
para transitar la vida:
es mentira, no tengo
nada, y nada me ha servido
para obrar como quería.

Tan débil voluntad,
tan poca valentía,
tan dolida carne,
tan frágil corazón,
tan escondida el alma.