lunes, 21 de diciembre de 2015
Penas, partida, final
Mi clamor y mi queja
por mi boca emito
y sube de mi pecho
el amargo flujo.
No reparo siquiera
en mi penoso aspecto;
¿para qué, si no me
pertenezco?
Dejo caer las manos
en mi desaliento;
mis brazos laxos,
mi ser inconexo,
mi cuerpo vacío.
Mi yo incompleto
se suelda en un alarido;
la cabeza inclino
y vencida, mi alma
huye de mi cuerpo,
hastiada de mi debilidad.
¿Por qué ella no me habla
si ya lo ha visto todo?
Si es mi vida, y ella es mi alma,
¿por qué guarda el secreto?
¿Por qué vivo ignorando
si ella sabe?
En mi exilio pienso:
tal vez, no estuve listo para ver
y saber lo que no supe,
y tal vez, sólo se vea la luz
cuando la hora llegue
y ya sea tarde.
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