domingo, 11 de septiembre de 2016
Insólito encuentro
Mi alma se comunica con mi corazón
y le habla de lo que ha visto
y desde allí, juntos, se unen al espíritu
que, desde su privilegiado y secreto lugar,
observa, con inmensa piedad y esperanza,
la conjunción, y espera los resultados.
Atribulada por el agitado devenir de los días
el alma cuenta al corazón su necesidad de
reposo, calma, amor, silencio, alegría,
suavidad, ternura, confianza, sinceridad.
En este diálogo supremo interviene el espíritu
conectando a ambos con el mundo fuera
de este mundo, que es su mundo.
Guiados por ese hermano mayor,
el alma y el corazón reciben el consuelo
y recobran fuerzas para continuar,
agraciados, su camino por este mundo inhóspito,
en el cual se lucha sin descanso
se sufre, se llora, y el esfuerzo
para no sucumbir, es constante.
De la presencia pura del espíritu
se alimenta el alma, y anima de ese modo
al corazón que alimenta la vida del cuerpo
que deambula, muchas veces sin sentido,
por este mundo que, cada vez es más gravoso
y atribula el alma. Ella vuelve de este encuentro,
renovada, y recupera la fuerza perdida para reiniciar
la vida con miras a lo que no se ve aún,
y de lo cual, el espíritu, la primicia da.
Antes de que la maldad invada al corazón,
el alma lo salva en estos encuentros, a los que
el espíritu acude y de los que
surge una vida renovada.
Añora el ser estos encuentros,
que no son asiduos,
sino extraordinarios.
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