domingo, 11 de septiembre de 2016

Carta a mi amada ausente


Una vez más, te escribo
porque nunca estás para, 
en un murmullo, decirlo en tu oído.
Una vez más, una hoja blanca,
inocente y dispuesta, llevará
mi eterno dolor, hasta
tu ausencia.

Una vez más, no veré tu rostro
cuando leas y sepas,
y una vez más, no sabré 
de tu respuesta, ya que nunca,
nunca, me has repondido.
Una vez más, esta fina hoja
frágil y leve,
recibirá la carga enorme 
de mi pena eterna,
ignorando también, como tú,
que mi vida va en ella.

Una vez más, el papel acogerá
mi llanto y lo secará muy pronto,
y tú, no verás la huella.
Una vez más, no sabré jamás
si lo recibiste, quién te lo ha dado,
si te has reído, si te ha conmovido.
De ti no he tenido noticia alguna
de que hayas leído.

Una vez más, con gran esperanza
que no desfallece, he escrito
otra carta, con el pecho abierto,
los ojos nublados, la mente confusa,
mis manos temblando, cortado el aliento,
con la idea loca de que tú accedas y vuelvas
a mí, en confiada entrega al amor
que te ofrezco y que tú desdeñas,
y siempre has desdeñado.

Una vez más, lleno de coraje,
envío mi ser, envuelto en las frases;
mudo y elocuente, en un silencio
a gritos, un llanto muy seco,
un abrazo hueco.

Una vez más, quiero que sepas
y que lo recuerdes, y quizá por
eso, te sigo escribiendo:
He aquí un hombre que sigue
amando a su amada ausente
y que no se explica cómo es que 
perdura en tal existencia. 

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