domingo, 30 de octubre de 2016
El sonoro silencio
Héte aquí que he oído al sonoro silencio
y fue durante la noche y al amanecer,
cuando su estela dejaba para huir
despavorido, aturdido, vencido
por los atronadores ruidos del
devenir terreno.
Había estado complacido en
su grata compañía, envuelto
en su densa niebla donde nada
se veía y el alma sin un sonido,
su discurso elaboraba.
Ha llegado el nuevo día
y él, pronto se ha marchado
a recogerse en sus reinos,
reinos de cantos mudos,
imperturbable en su mundo,
de pensamientos ocultos.
Silencio, ansiado silencio,
¡cuánto añoro tu presencia!
Presencia que impone al
alma, el escuchar muy atenta
aquello que desconoce y que sólo
escuchará cuando en ti se sumerja,
si tal fortuna le toca en su mudo
transitar.
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