jueves, 1 de junio de 2017
En la luz del dolor
Querido, amado, admirado,
te has ido, te has ocultado
de nosotros y de estos lugares;
fuiste a buscar la vida, esa vida.
Caminamos, y seguimos como si
no hubiera sucedido, pero nada
ha vuelto a ser igual sin ti.
En mis sueños te doy vida
y obras en mí como siempre
lo has hecho; eso quiero
y eso sigo buscando.
¡Cómo extraño tu suave voz
y tu mirada profunda y sabedora!
El dolor me ilumina y tú lo has
provocado, ofrendando tu existencia
una vez más por nosotros.
Poco o nada supimos de ti;
todo quedaba guardado en
tu dulce discreción.
Mostraste tu mejor faz
a quienes tuvimos la dicha
de ser acompañados por ti.
Mi agradecimiento,
que es el de todos,
llegará hasta ti y tu dulce
y apacible mirada, nos sonreirá.
En la luz del dolor estoy,
y agradezco ese candil
que guía este camino
antes no visto por mí.
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