jueves, 5 de abril de 2018
Sombra siniestra
Aparece tu sombra
en el vano de mi puerta
y mi espina se congela,
me paralizo y tiemblo,
todo en el mismo acto
en el que allí te proyectas.
Es tu presencia ominosa,
desdichada, miserable;
a eso temo y me daña:
es entrar en ese estado
que tu sombra me produce,
sin poderlo remediar.
Quiero hallar la salida
a tanto pavor impreciso;
no sé bien a qué le temo
pero no puedo escapar
de esa influencia maligna
que en mí todo lo avasalla.
Pero bien sé que por mí, lo más temido,
es la respuesta que brota,
desconocida por mí,
ignorada y despreciable,
que no quiero más como acto,
del que luego me arrepiento.
Alejarme de esa sombra,
poner grande la distancia,
dejar de ser su espejo
en tan deplorables hechos.
Es todo lo que me queda
y eso es lo que haré.
Si tal victoria lograra
sería guerrero sagrado,
ungido con el coraje,
el amor y la decisión
de limpiar mi vida toda
para vivir en la luz.
Ayer, un amor tan puro me bañó con tal dulzura
que vi la luz del brocal
del pozo en que había caído; hoy, desde ese hoyo,
asciendo fresco y feliz,
me envuelvo y sigo subiendo
busco aire, lo respiro,
y así espero revivir.
¿La sombra?, se hunde en el fondo
y acecha...
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