lunes, 27 de mayo de 2019

Aprender a cambiar





Como moldeados lentamente,
sin casi notarlo, como el agua
pule y forma una roca,
así, así tan suavemente,
abrir los ojos y ver más allá
del lugar que habitamos,
aprendiendo que estamos 
tan sólo por la oportunidad 
de formar en esta vida, esta,
para otra posterior, que será mejor.


A medida que vayamos cambiando, 
estaremos más serenos y apacibles,
y, aunque a veces, las tormentas nos abatan
nuevamente y nos arrastren a nuestros antiguos
malos hábitos, tengamos calma en medio
del torbellino, que pronto continuaremos
el camino del cambio elegido.

Tendremos mayor confianza en nosotros mismos
ya que algo desde muy profundo de nuestro ser
nos va señalando el camino, con bondad, con paciencia
con serenidad, y la compasión por nuestra flaqueza
ayudará a esperar que llegue de nuevo la paz a nuestro día
para recomenzar el camino hacia la vida que buscamos.


Llevaremos alegría donde vayamos y nuestro
bienestar contagiará a los otros, sin que tengamos
necesidad siquiera de hablarles; se verá el cambio
y eso será suficiente,  para que como el efecto del
ala suave de  una mariposa, todo se vaya transformando
lenta, suave, imperceptiblemente.

   
Y, con azoramiento, pero en calma, descubriremos
que en todos se halla la posibilidad y la capacidad
del cambio que necesitamos para hallar la verdad,
la verdadera vida y la verdadera felicidad
que tanto hemos buscado erróneamente.

viernes, 24 de mayo de 2019

El aprendizaje del desprendimiento




No habría ninguna oportunidad  
de llegar a conocer qué es la muerte 
 si sólo ocurriera una vez. 
Ocurre todo el tiempo, cada segundo, 
si no lo hemos visto aún, observemos:
No tendríamos oportunidad
de aprender a saber que cada momento
cuenta y cuenta para aprender algo
eh este pasajero mundo en el que por hoy 
estamos, 
si no fuera que constantemente
tenemos la oportunidad de ver
que todo es impermanencia, que todo
muere todo el tiempo y que cada instante
es pasado casi al 
unísono de haber aparecido.
Entonces, cada oportunidad de 
desprendernos de cada palabra,
de cada persona, de cada hecho, 
es el aprendizaje hacia el conocimiento
de la muerte, que será el desprendimiento
 definitivo de todo lo que hemos hecho
 y tal vez, hayamos sido.




 La vida no es sino una continua danza; 
 una danza de cambios.
 
Cada vez que he podido ver el descenso
de un arroyo o río de montaña,
he oído algo que no permanecía,
que  no me pertenecía,
que jamás era igual de un minuto a otro.

Las olas que rompen en la orilla,  
o el latir de mi propio corazón, 
estoy oyendo el sonido
de la impermanencia,
si quiero aprender de ello
la gran tarea que es el desprendimiento.
.  
Estos cambios,estas pequeñas muertes,  
son nuestros lazos vivientes
con lo que llamamos muerte.

Como si sucediera una sola vez.
Todo tiene el pulso de la muerte
el latido de la muerte que nos incita  
a soltar todas las cosas  
a las que nos aferramos
inútilmente, y que nos causan
tanta infelicidad, contradicción
humana, que cree alcanzarla aferrándose
a lo que cree es su posesión
y que siendo poseedor, será feliz.