No habría ninguna oportunidad
de llegar
a conocer qué es la muerte
si sólo ocurriera una vez.
Ocurre todo el tiempo, cada segundo,
si no lo hemos visto aún, observemos:
No tendríamos oportunidad
de aprender a saber que cada momento
cuenta y cuenta para aprender algo
eh este pasajero mundo en el que por hoy
estamos,
si no fuera que constantemente
tenemos la oportunidad de ver
que todo es impermanencia, que todo
muere todo el tiempo y que cada instante
es pasado casi al
unísono de haber aparecido.
Entonces, cada oportunidad de
desprendernos de cada palabra,
de cada persona, de cada hecho,
es el aprendizaje hacia el conocimiento
de la muerte, que será el desprendimiento
definitivo de todo lo que hemos hecho
y tal vez, hayamos sido.
La vida no es sino una
continua danza;
una danza
de cambios.
Cada vez que he podido ver el descenso
de un arroyo o río de montaña,
he oído algo que no permanecía,
que no me pertenecía,
que jamás era igual de un minuto a otro.
Las olas que rompen
en la orilla,
o el latir
de mi
propio corazón,
estoy oyendo el sonido
de la impermanencia,
si quiero aprender de ello
la gran tarea que es el desprendimiento.
.
Estos cambios,estas pequeñas muertes,
son nuestros lazos vivientes
con lo que llamamos muerte.
Como si sucediera una sola vez.
Todo tiene el
pulso
de la muerte,
el
latido de la muerte
que nos incita
a soltar
todas las cosas
a las que nos aferramos
inútilmente, y que nos causan
tanta infelicidad, contradicción
humana, que cree alcanzarla aferrándose
a lo que cree es su posesión
y que siendo poseedor, será feliz.
y que siendo poseedor, será feliz.
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