Cuando pienso que pienso,
no sé bien qué pensar;
será un buen pensamiento
el que voy a pensar
si eleva en mi espíritu
pleno, el gran amor.
Cuando pienso que pienso
no se qué pensar;
si es un mal pensamiento
destruye en mi alma
el gozo de amar;
tengo mucha cautela
si es que voy a pensar.
¿Acaso se puede vivir sin pensar?
¿Qué será de este hilo tramado
en la propia deliberación?
¿Es, acaso, elegir, decidir,
debatir, examinar...?
¿Cuáles son los dilemas que ocupan
la mente en este menester?
Quisiera que siempre,
invariablemente,
fuera el pensamiento
la voz del espíritu,
de la eternidad; el hilo dorado
que guíe la vida
para no perderse
en el laberinto
de la humanidad.
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