Hay momentos en el día
en que el alma
detiene su andar y pide
recogimiento.
Tan especial instante
surge desde el interior,
suspende todo movimiento;
la mente calla,
escucha en contemplación.
Efímero momento,
fugaz conmoción,
sin embargo logra
un inefable cambio:
el ser se transforma,
asombrado, vislumbra
un brevísimo instante de
divinidad.
Ojos del espíritu,
visión del alma,
que la razón arrebata
y borra sin piedad;
tirano intelecto,
humano razonar.
Este homenaje a la eternidad
la vida sostiene, aun cuando sea
tan fugaz
en nuestro humano andar.
¡Tan inasible!
Pero, es tal su intensidad,
que, como la respiración,
experimentarlo
asiste a la vida para poder continuar.
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